Girls: perdón, Lena

Perdón, Lena, porque creí que Girls, la serie que vos pensaste, escribiste, dirigiste y actuaste, no era más que una continuación de Sex and the City: mujeres gritonas, apasionadas por zapatos, chusmas y vacías.

Perdón, Lena, por sentenciar que después de The Office iba a ser muy difícil percibir la sensación de la ambigüedad: ganas de reír casi todo el tiempo y, cada tanto, como un golpe inesperado, la invasión de la tristeza.

Perdón por subestimarte. Conocía la frase emblema -y en tono chistoso- del personaje de Hannah: “Quiero ser la voz de esta generación. O, al menos, la voz de alguna generación”. Y, desde lejos, no parecía mucho más que algo pretencioso. Pero Girls es una radiografía fantástica, una descripción sutil, divertida y ambiciosa de los jóvenes que están a punto de terminar la facultad, tienen entre 23 y 26 años, y sienten que la vida los va a aplastar.

Perdón por no imaginarme que ibas a ser tan buena para la verosimilitud. Sentada en la cama, Hannah, que se prepara para ir a dormir, se saca el corpiño mientras tiene una discusión con Adam, su novio. La cámara no deja de mostrarla. Ella habla y se pelea en tetas. Tiene un cuerpo real, blando y blanco. Todo luce sincero. Sí, es lo que pasaría en cualquier cama, en cualquier pareja. Es un momento de la vida que se da muchas veces, pero el cine y la televisión casi no lo habían mostrado.

Perdón, porque estaba seguro que los personajes serían estereotipados. Pero, como todas las grandes series, Girls tiene dos o tres nombres que quedan marcados a fuego: el infantil y bruto Adam, el cínico, verborrágico y deprimente Ray, el huracán Jessa.

Perdón, creía que a los 26 años, la edad con la que arrancaste el proyecto, se podían hacer cosas buenas o muy buenas, pero no extraordinarias o imprescindibles.

Perdón, porque parecía una locura que en Girls se pudiera llegar a contar una gran historia de amor. Pero la relación entre Adam y Hannah lo tiene todo. El destrato, el cariño, la crueldad, la ternura, el sexo bizarro, el compañerismo, las palabras, los gestos, el abandono, el reencuentro. Y esa secuencia en la que él corre por la calle mientras que ella, perdida y al borde de la locura, le habla por teléfono, encerrada en su propia casa.

Perdón, era imposible imaginarse que tu serie podía acomodarse entre las grandes series. Pero sí. Tranquilamente puede situarse al lado de Six Feet Under, The Wire, Los Soprano o Mad Men. Girls tiene su lugar en el panteón.