Cuando el amor no es como en las películas

“Si nos encontráramos por primera vez hoy en un tren, ¿empezarías a hablar conmigo? ¿Me pedirías que baje del tren con vos?

Un cuarto de hotel grande, coqueto y con varios lujos en un encantador pueblo de Grecia. Lo único que pretende él es tener sexo como hace tiempo no ocurre. Ella parece sentir lo mismo. Pero no. Antes de acostarse, antes de desnudarse, antes de no pensar, llegan los reproches. El tiempo se llevó puesto a la espontaneidad, se robó la frescura e hizo perder a las sonrisas. Jesse y Celine están cansados.

“Mucho diálogo, mucho diálogo pero no pasa nada”, fue el comentario de una señora poco después de ver la película. “No hay paisaje, no hay paisaje”, dijo otra, que se retiraba molesta de una función en la que hubo más bien indiferencia cuando terminó la proyección. ¿Habrán pretendido ver alguna película del último Woody Allen? Antes de la medianoche, de Richard Linklater, es otra cosa. La estructura de la historia no está contada en principio, nudo y final. La intención no es poner el foco en la belleza del Peloponeso, donde la pareja vive unas aparentes vacaciones soñadas. Lo importante del relato está centrado en los silencios y las miradas. Pero, principalmente, en las cosas que se dicen.

Hace un rato largo que perdieron la inocencia de Antes del amanecer (1995). Quedó en el olvido la fascinación que generaban en Antes del atardecer (2004). En Antes de la medianoche, son una pareja común y corriente, como sacada de algún relato de John Cheever o Raymond Carver. El cuento de hadas se derrumbó. Jesse y Celine están juntos hace nueve años y tienen dos hijas mellizas. Él es un famoso escritor, tras relatar en un par de libros su historia de amor con Celine (un coqueteo que roza el enamoramiento en un tren de Viena, una promesa que no se cumplió y un reencuentro muchos años más tarde para que, al fin, terminaran juntos). Pero está lejos de sentirse feliz. Extraña a su hijo adolescente. Odia a la madre de su hijo. Ama a su hijo. Desliza la idea de dejar Europa y mudarse donde está él, en Chicago. Ella no lo soporta. Y se pelean.

A los 40 años, Celine y Jesse atraviesan una doble crisis: la de su pareja y su propia vida. Se preguntan una y otra vez dónde están parados. Intentan registrar qué es lo que hicieron hasta ahora. Se muestran curiosos por saber si su pareja los quiere de la misma forma que antes. Los planos del director hacen foco en el paso del tiempo. El cuerpo de Celine (Julie Delpy, siempre atractiva y fresca) ya no es el mismo. Ella misma se define como “una culona francesa”. Jesse (Ethan Hawke, uno de los actores más sólidos de la actualidad) es un hombre maduro, pero no tan encantador.

Largas caminatas, charlas y reflexiones inmersas en planos especialmente atractivos. Ella es una feminista y activista ecológica que parece algo más emocional que su pareja. Está harta de una supuesta falta de compromiso de Jesse, mucho más simple, leal y directo. Él, que se pregunta cuál es la edad en la que mejor la pasó, parece vivir con la idea constante de que vivimos en un estado permanente de vacío e infelicidad. El espectador podrá sentirse más cerca de uno u otro a lo largo de la película, aunque sin necesidad de tomar partido.

Por momentos, el film naufraga por algunos soliloquios que parecen perderse, pero rápidamente repuntan. La secuencia del hotel es particularmente brillante y despiadada. La pareja que hasta hace unas horas caminaba entre risas y caricias en un pueblito griego ahora se odia. Ella sabe qué decir para hacerle daño. Él también. La escena es cruda y fascinante.

Antes de la medianoche, un film que ya entra entre los mejores estrenos del año junto a The Master, Profesor Lazhar y The Hunt, tiene muchas virtudes. Es una película sincera. No le miente al espectador. Al revés, lo sacude. Es encantadoramente realista. El guión, escrito por Linklater, Delpy y Hawke, es inteligente y culto (enamoran los permanentes vínculos con la literatura y el cine. ¡Al fin alguien que lee y ve películas!). Es entretenida y densa a la vez, con la sensación de que no cae en ningún lugar común. Todo fluye y resulta natural. Entristece y deja una duda revoloteando: ¿es posible mejorar la vida?

El final, poco esclarecedor, no hace más que agregarle condimentos positivos. Antes de la medianoche tiene muchas cosas para decir. Plantea conflictos, desafía al espectador y exhibe que el amor, a veces, no es el que se muestra en las películas. Por momentos, parece dar un paso más allá. ¿Es posible que dos personas puedan soportarse después de estar diez años juntos? ¿Existe el amor eterno? En realidad, ¿existe el amor? La vida no es como en las películas. La realidad, es verdad, puede ser linda, pero tiene mucho menos azúcar que en el cine.

“Te aseguro que ese chico que recuerdas vagamente, el dulce, romántico, que conociste en el tren…ese soy yo”