Game of Thrones: una historia mal contada y poco digna de HBO

“Cuando juegas al Juego de Tronos, ganas o mueres. No hay términos medios”, Cersei Lannister.

Jon Snow busca su identidad mientras lucha con los Night watch. Ned Stark quiere vivir en paz con su familia pero está atado a las órdenes del rey, Robert Baratheon. Jaime Lannister pretende ser el hombre más poderoso del mundo, mientras tiene sexo con su hermana, Cersei, e intenta escapar de la sombra de su papá, Lord Tywin. Daenerys Targaryen lucha por recuperar el trono que le arrebataron a su padre, el Rey Loco. Khal Drogo quiere tener sexo con Kalesi y conquistar el mundo. El enano Tyrion Lannister sólo quiere vivir de vino y prostitutas.

Todas estas historias, deseos, personajes, objetivos, sueños y frustraciones son parte de las primeras dos temporadas de Game of Thrones. El gran problema de esta serie de HBO es que pretende contar tantas situaciones y el panorama es tan enorme, que el relato pierde mucha fuerza. Todo se queda en la vaguedad, en la no profundidad de los personajes ni los desarrollos (el final de la segunda temporada es la certeza de que muchas cosas quedan en el vacío y, al final, terminan por provocar indiferencia). Hay que preguntarse demasiadas cosas para seguir el hilo. Aunque está basada en los libros de George R.R Martin, es evidente que algo mal se hizo.

Desafío para cualquier fanático de Game of Thrones: ¿podría indicar en un mapa, más o menos, dónde quedan Winterfell, King´s Landing, Braavos, Pentos o Dorne? Si la respuesta es sí, usted es un verdadero fanático. Si es no, entonces ingresará a un enorme grupo de desentendidos sobre lo que se presenta. El mundo de esta serie tiene una muy mala explicación geográfica (algo se intenta dar a entender en la presentación, que por cierto es muy mala, pero no se llega a captar del todo). Es decir: ¿cuánto tiene que caminar Jon Snow desde The Wall hasta Winterfell? ¿Dónde viven los malos? ¿Y los buenos? ¿Por qué en un lugar hace frío y en otro calor? Son todos detalles que generan un combo de confusión que, al final, deriva en aburrimiento (muy especialmente la segunda temporada).

Más allá de que buena parte de la serie es muy fiel a lo escrito por Martin, ¿es necesario ser tan grosero y exagerado con respecto al sexo? ¿Acaso en todos los capítulos debe haber sexo? No es que no se pueda disfrutar, pero todo indica que está mal planteado dentro de la historia: ¿tan lindas eran las mujeres en esa época? ¿Tan bien comían para tener esos físicos esculturales? ¿Tanto tiempo pasaban en la “casa de depilación” para no tener ni un pelo de más? El diálogo es otro de los puntos que no parece muy adaptado a la época. Aunque la opción más lógica no parece ser que se hable como en la época medieval, tampoco suena lógico que el lenguaje pueda ser el de una esquina de Brooklyn, Bronx o cualquier otro lugar del Estados Unidos actual.

La serie, creada por David Benioff y D.B. Weiss, está bastante mal dirigida. Sólo hay que apreciar el último capítulo de la segunda temporada para entenderlo. Durante las batallas, es necesario que el espectador vea la magnitud de la guerra. Es decir: si un grupo se va a pelear con otro, ¿cuántos son de un lado y cuántos del otro? ¿En qué terreno se va a dar el combate? Nada de esto llega. Son todos planos chicos y primeros planos, cuando resultaba obvio que lo que pedía la situación era una buena panorámica para entender de qué se trataba (para esto tendrían que pedirle una clase a Peter Jackson. Por cierto, ¿quién fue el insolente que alguna vez lo comparó con El Señor de los Anillos? Simplemente son de otras ligas).

Lo más extraño del producto (especialmente extraño para HBO, el Barcelona de las series, que suele empezar un proyecto con la certeza de cuándo terminará) es que aún no tiene fin. Martin escribió cinco libros (Juego de tronos, 1996, Choque de reyes, 1998, Tormenta de espadas, 2000, Festín de cuervos, 2005, Danza de dragones, 2011) pero aún le quedan dos más (Vientos de invierno y Un sueño de primavera) para completar la saga. Tras las tres temporadas, no se sabe muy bien qué esperar en el futuro.

Tiene muy buenos momentos (especialmente la primera temporada). Consigue situaciones de tensión y suspenso extraordinarios, con una estética bastante atractiva. Logra generar personajes interesantes (el enano, Arya Stark, Jon Snow y varios más). Crea ambientes épicos que generan adicción y ganas de saber. Pero no demasiado más. HBO, creador de brillantes series como Six Feet Under, Los Soprano, The Wire o Treme, esta vez se quedó corto. Pese a tener algunas virtudes, Game of Thrones es una historia mal contada.

Todo sigue igual

Temporada 5. 2015. Nada cambió. Game of Thrones sigue siendo una burla. Algunos puntos para agregar a la crítica principal, del 2013: un problema que tiene el producto en sí es que aún no tiene final. El espectador no puede esperar nada porque, en realidad, aún no hay nada hasta que Martin termine de escribir la saga. Me parece que la primera temporada tuvo algunos puntos altos, la segunda fue mala y la tercera regular. La cuarta y la quinta, el nivel no hizo más que bajar, salvo algunos momentos muy particulares.

Como bien escribió Romualdo en los comentarios de este post: “Es un producto muy adolescente que frivoliza al ser humano y a sus relaciones. Se vale del fácil impacto: cantidades innecesarias de escenas de sexo y de violencia sangrienta (como para demostrar que “la vida es dura”), en un mundo en el que ambas cosas están sobrevaloradas no es de extrañar que esta serie tenga éxito. Confunde al espectador sensible y fanatiza al mediocre”.

Esta crítica la ratifico y la aumento en cada respuesta a los usuarios (algunos que justifican su opinión con criterio y altura, otros se dejan llevar por la vehemencia) la serie es un delirio apuntado sólo al rating y las emociones fáciles. Juega con los personajes de una manera cirquesca, cuenta una historia tan abarcativa, amplia y sin un hilo que casi todo el argumento carece de fuerza y sostén, apuesta al golpe bajo sin demasiado sentido y, por último, es repetitiva y aburrida.

El tiempo deja las cosas claras

Temporada 6. 2016. La serie, al fin, le soltó la mano al autor de los libros. Nada de lo que pasó en los capítulos de esta última parte tiene que ver con la pluma y la cabeza de George Martin. HBO necesitaba velocidad y, por alguna razón, el autor de Game of Thrones se estancó. Y la falta de influencia del hombre que mejor conoce este mundo se percibe en cada secuencia de la temporada 6.

La historia, otra vez, tiende a diversificarse. El foco apunta a varios frentes: los hermanos Stark, los Lannister, Khaleesi y algunos otros personajes con mucho menos peso. Desde el capítulo 1 hasta hoy surge el mismo problema. La tensión se pierde demasiado cuando el ojo se pone en tantos relatos y de manera tan descuidada. Quizás yo soy un espectador vago, pero en la sexta temporada, como había pasado antes, aparecieron personajes que no terminaba de recordar quiénes eran.

La diferencia con respecto a los capítulos en los que Martin estuvo al frente es evidente. En la sexta parte hay diálogos descuidados, resoluciones simplezcas y golpes bajos por todos lados. Y algo todavía peor: Game of Thrones comienza a convertirse en una serie de buenos y malos, un vicio que no tenía antes.

La cuestión de la pésima dirección queda expuesta en el capítulo 9. No se entiende nada cuando una de las ciudades conquistadas por Daenerys Targaryen es atacada por una flota de barcos. Y mucho menos en la guerra entre Jon Snow y Ramsay Bolton. Hay una secuencia en la que el líder de la casa Stark queda atrapado entre una multitud de hombres y nunca queda claro qué es lo que pasa. ¿Quién ganó? ¿Quién perdió? ¿Por qué no hay una cámara que tome la secuencia desde arriba y termine de clarificar qué es lo que está pasando?

Por último: ¿alguien se da cuenta que casi todas las temporadas terminan igual? Khaleesi arriba de un dragón, su ejército multitudinario de fondo y la sensación de que está a punto de conquistar el mundo. Todos los años, todas las temporadas, lo mismo.

Temporada 7. 2017