El viejo Kipnis y su cine

Tiene algo especial el cine Arteplex Belgrano, no es igual a los demás. Sus cuatro salas llevan el nombre de grandes cineastas del siglo XX: Bergman, Truffaut, Buñuel y Fellini. En el kiosco que tiene en el entrepiso no se venden nachos con queso ni pochoclos, sólo caramelos o algún que otro chocolate. Alrededor de las paredes hay películas en DVD colgadas que están a la venta, a unos 25 o 30 pesos cada uno. En el Arteplex, el negocio -si es que puede llamárselo de esa manera- es el cine mismo y no todo lo que lo rodea (vasos con las caras de los protagonistas de las películas, pósters o láminas, festejos de cumpleaños, descuentos en helados con la compra de dos entradas, etc).

En cada una de las funciones el silencio es sepulcral y aunque la calidad de las películas extranjeras no siempre llena las expectativas, el público respeta la proyección en todo momento. Nadie se levanta para ir al baño, o levanta la tapa del celular para leer un mensaje de texto. Vi varias películas ahí, pero tres me fascinaron: La eterna juventud (dos partes, de casi tres horas cada una) y La vida de los otros. Cada tanto se lo ve a Alberto Kipnis, el dueño del lugar. Kipinis es un viejito tan melancólico que a uno le dan ganas de llorar al lado suyo por los tiempos gloriosos que quedaron en el pasado. Compara una y otra vez las diferencias a nivel cinematográfico de esta época con la “suya”:   “Ya no existe el talento de aquella época. No puedo explicar la razón, pero no hubo nuevos directores que se acercaran al arte que produjeron aquellos genios “.

Se lo nota enojado. Le molesta ver todos los sábados la misma escena. Una larga cola de viejos que espera por entrar a su cine. En realidad, no es que le molesten los viejos, pero extraña al sector que fue el corazón de sus antiguos cines Lorraine, Loire y Losuar: “Se llenaban de pibes que venían con sus libros en la mano a ver las películas después del colegio o la universidad. Hoy, la juventud no se compromete con nada”.

– ¿Pero por qué no vuelve a proyectar los ciclos que hicieron famosos a sus cines?

– Porque no. ¿Quién va a venir a verlos?

– Y…no sé…yo…

–  No. A la gente ya no le interesa…además, los derechos de las copias se perdían luego de cinco años. Hoy, comprarlos es imposible y, al mismo tiempo, no creo que valga la pena….

Pero no todo es tristeza y nostalgia para él. Aún sueña con ver sus salas llenas de juventud, de reventar las boleterías y de volver a pensar con una película: “Mientras el cine siga existiendo, Arteplex seguirá de pie. Yo voy a seguir haciendo lo que amo”.